La historia de Salifou

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Esta es la historia de un país pobre donde niños con alto potencial no pueden ir a la escuela porque tienen que ayudar a su familia. Esta es la historia de Salifou.

Salifou es un niño muy despierto. Tiene sólo 2 años pero su desarrollo intelectual es muy superior a su edad. Lleva una semana en el CREN y ya ha averiguado cómo funcionan todos los juguetes e incluso se ha atrevido con las construcciones y los puzzles de los mayores. Tiene tantas ganas de aprender que le hemos comprado una pizarra para que dibuje. Cuando terminamos cada sesión nos ayuda a recoger los juguetes y dobla los tapices donde montamos la zona de juego. Se ve que desde muy pequeño ha tenido que ocuparse de tareas en su casa.

Los padres de Salifou son una pareja musulmana que viene del campo. Aunque nos permiten jugar con su hijo no nos acompañan, sino que nos observan con recelo.

El último día de Salifou en el hospital nos acercamos a su madre, que tiene unos ojos negros preciosos pero apagados. Le decimos que su hijo es muy listo y que, tal vez, llegue a ser un gran estudiante. Ella contesta que Salifou no irá a la escuela porque tiene que ayudar a su padre a cuidar los rebaños de otros. Le contestamos que si Salifou aprende a leer y escribir, un día eso podría ayudarle a tener su propio rebaño. Por un momento, un resplandor ilumina sus ojos cansados.

Queremos creer que hemos sembramos una semilla que hará crecer en su alma la esperanza de una vida mejor para Salifou.

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Historias de amor

davo-salifou-2 A veces, entre un payaso y un niño se producen historias y momentos de gran conexión. Estas fotos reflejan algunos de estos lindos instantes. Esperamos que os guste verlas 🙂 miri-saliffou-1Luci y Ibrahim31.03..2jpgFotos-Luci Miri y Amidou

Lo importante son las ganas de vivir

La primera vez que vimos a Mohammed nos quedamos sin palabras. Con 2 años, pesaba poco más de 5 kgs. Era un saquito de huesos con la cabeza y los pies hinchados y llenos de heridas. Vinieron a nuestra mente las imágenes de los niños famélicos de Somalia y Etiopía que durante los años 90 sacudieron las conciencias occidentales. No le sacamos fotos los primeros días que estuvimos trabajando con él porque nos daba pudor, sentíamos como si estuvieramos entrando en un terreno muy delicado que merecía respeto y privacidad.

A pesar de que no podía ni moverse, Mohammed nos dedico una débil sonrisa cuando nos acercamos haciendo pompas de jabon. Al principio del tratamiento su abuela Geneve, que le cuida día y noche, le traía al CREN sólo un rato para que los médicos le examinaran, porque el bebé estaba muy débil y necesitaba reposo. Nosotros aprovechábamos para acercarnos a él y distraerle durante la revisión médica, robando momentos a la rutina hospitalaria para acercar a Mohammed un mundo de colores y sonidos más amables.

Geneve se reía con nuestras payasadas, y poco a poco fue aumentando la duración de su visita al CREN, dándonos la oportunidad de jugar con su nieto y con ella, que ha descubierto lo divertido que es hacer pompas de jabón y explotarlas con los pies.

Mohammed se encuentra mucho mejor. Está muy flaquito pero tiene hambre y ganas de jugar. Le gusta que le pongamos juguetes en las manos y devolvérnoslos, y se lo pasa bomba cuando tira cosas al suelo y nosotros las recogemos.

Aunque le queda un largo camino por recorrer hasta llegar a tener un peso normal para un niño de su edad, estamos seguros de que se recuperará. Estas semanas, el pequeño Mohammed nos está enseñando que lo importante no es la fuerza física, sino las ganas de vivir.

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