La primera actuación

Son las 8 de la mañana del sábado y tres artistas somnolientos de Payasos Sin Fronteras/Socialclown, acabamos de llegar a Kofila, un pueblo a 65 kms de Bobo Dioulasso. ¿Qué hacemos aquí a estas horas? Venimos a actuar para 300 niños de una de las escuelas con las que la ONG catalana Catsya tiene un proyecto de intercambio escolar.

Estamos dormidos y un poco mareados porque para llegar al pueblo hay una pista de 15 kms que es un puro bache. Los niños son tímidos y nos miran con disimulo…los “tubabu”! Cuando nos ven montar el escenario se van acercando y forman un semicírculo compacto con algunas sillas en la primera fila para los profesores. Hay un silencio cargado de expectación.

Nervios, prisas de última hora, ¿has traído todo?, comienza el espectáculo. Sale Mirimú, suelta una broma en dioula y los niños ríen a carcajadas. Nos relajamos y disfrutamos con ellos, los niños, que nos corean, aplauden sin parar y se asombran con los trucos de magia del “jimamorice” Davo. Llegamos al final; Lucie hace un equilibrio mientras tira confeti al público. “Abana”, c’est fini!

Mientras la adrenalina empieza a bajar, recogemos el atrezzo y nos cambiamos en silencio, pensando en la suerte que tenemos de ser payasos y poder compartir hoy, con estos niños, un rato de pura alegría.

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A veces es difícil

A veces es difícil hacer lo que hacemos. Porque, a veces, muere un niño con el que hemos jugado, al que hemos apretado contra el pecho, cuya manita hemos acariciado. Ese niño quizás empieza el tratamiento semiinconsciente, con los ojos entrecerrados, las manos crispadas y un gesto de profundo dolor. Si alguna vez se despierta, los colores de los juguetes le animan a mover con esfuerzo una mano para tocarlos. Pero al día siguiente ya no abre los ojos, y al otro no puede salir de su habitación porque está conectado a la máquina de oxígeno. Y poco despues llega la noticia que no queremos escuchar.

Es dificil decir adiós a Pierre, Sarata, Rachidatou y Sata.

Es difícil enterarse de que hay otros niños que ingresan en el hospital tan graves que ni siquiera nos da tiempo a conocerlos.

Es dificil quedarse con las ganas de jugar con Zaratou, Rachidatou, Aziz, Fatimata y Drissa.

Pero a veces es muy facil hacer lo que hacemos. Porque la mayoria de los niños se curan. Y cada día estamos a su lado acompañando el proceso y les vemos florecer y recuperar las ganas de comer, de jugar y de vivir.

Es muy fácil hacer reír a Souleyman, Fatimata, Salifou, Emile, Josephine, Malick, Lazar, Bernard, Bibata, Adama, Kadidiata, Pierre, Jacques, Mohammed, Marie-Grace, Lassina, Fousseni, Ibrahim, Neimata, Aruna, Awa, Alphonse, Moussa y todos los demás.

Por todos los niños desnutridos, los que están, y los que ya no están, seguiremos haciendo lo que hacemos.

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Hoy estreno!

¿Se os ocurre mejor público para un ensayo general que un grupo de  12 niños que nunca han visto un clown y se quedan, literalmente, con la boca abierta cuando nos ven aparecer?

Como parte de nuestro proyecto en Burkina Faso, hemos preparado un espectáculo de ocio para actuar en escuelas y orfanatos de la región de Bobo Dioulasso. Las semanas de ensayos y  preparación del guión en dioula (sí, sí, nos hemos atrevido con el idioma local) han valido la pena.¡Nuestro público test, pasado el asombro inicial,  se ha reído mucho y ¡hasta han entendido lo que les decíamos!

Ahora sí estamos preparados para actuar, tenemos mono de escenario y ganas de hacer reír a estos niños y niñas tan agradecidos. ¡La próxima semana estreno!

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Cuesta muy poco curar a una niña en Africa

 

Aminata acompaña cada mañana al CREN (Centro de Recuperación Nutricional) a su hija Rachidatou, ingresada en el hospital por desnutrición moderada. A pesar del tratamiento nutricional, no está ganando peso. Los médicos no entienden por qué. La niña está muy cansada y duerme casi todo el día.
Las dos pasan la mañana tumbadas en el suelo del CREN, dormitando o mirando al vacío. Nosotros nos acercamos a la niña en los pocos momentos en que está despierta y tratamos de llamar su atención y jugar con ella, pero mamá e hija están como dentro de una burbuja y nos miran sin vernos.
Un día, ante la insistencia de las enfermeras que le preguntan si alimenta a la niña con la leche que le proporcionan por la mañana, Aminata les confiesa lo que ocurre: no tiene dinero para comprar un termo y no puede preparar la leche para su hija. Esa es la razón por la que la niña no engorda.
¿La curación de Rachidatou depende de un simple termo? Junto con las enfermeras organizamos una colecta para recaudar dinero y comprarlo. Cuando le damos el dinero que hemos recogido a su madre, su mirada triste se tiñe de asombro y alegría.
Al dia siguiente, Rachidatou ha empezado a ganar peso. Aminata por fin sonrie y nos enseña a su niña que está bien despierta y nos mira atenta, con la sonrisa también asomando a los labios.

¿Sabéis el precio del termo? El equivalente a 3 euros.
Es increíble con qué poco se puede cambiar la vida de una familia en Africa.

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