4 PAYASOS EN UN HOSPITAL DE AFRICA

Para complementar el proyecto con los niños desnutridos, decidimos hacer visitas hospitalarias en el servicio de pediatría de varios hospitales de la región.

Tanto en África como en España, estar enfermo no es algo que celebrar. Es una situación desagradable que afecta no sólo al enfermo sino a toda la familia, y coloca a las personas en una situación de incertidumbre que les hace sentir asustados y vulnerables. Unamos a esta dificultad propia del entorno hospitalario, común a todos los países, el desconocimiento que existe en África sobre la figura del payaso. “¿Esa nariz de qué es?”, nos pregunto un día el familiar de un niño enfermo, mirándonos con cara de asco, “¿de cerdo?”.

En las habitaciones del servicio de pediatría suele haber mezclados niños de meses junto a ancianos moribundos. Las habitaciones suelen ser de 6 camas, pero en época de gran afluencia de pacientes puede haber hasta 3 niños por cama, acompañados por sus familiares respectivos, padre, madre, tíos, abuelos,…, unas 10 o 15 personas por habitación, todos bien cerquita unos de otros, gente tendida sobre camas y tapices, ropa y cazuelas con comida por el suelo, y un par de ventiladores viejos que por mucho que lo intentan, no son capaces de enmascarar el olor ni el calor sofocantes.

Las primeras veces, entrar en esas habitaciones como payasos de hospital no nos resultaba fácil. Percibir la fealdad del lugar, sentir el calor, el olor, ver las caras de asombro, las miradas atónitas… No entendían qué estábamos haciendo allí, y a algunos no les hacía ninguna gracia. “¿Música en el hospital? Este no es sitio para esas cosas! Salid de la habitación, por favor”. Pero toda esa tensión se rompía cuando, con las herramientas universales del clown, con la risa, el juego, la música y la emoción, conseguimos poner en conexión a los niños que todos llevamos dentro… y los niños hablan un lenguaje universal que no entiende de idiomas, de razas ni de diferencias culturales o religiones.

Ahora, que estamos recogiendo las experiencias vividas para meterlas en el equipaje, nos acordamos de Fatimatou. Una anciana tumbada en su cama, semi-inconsciente, rodeada por toda su familia que esperaba el final de la agonía. Cuando entramos en la habitación al son de la música del acordeón, no se lo podían creer… “¿Cómo? Mi madre muriéndose y estos fató (locos) intentando alegrar a la gente?”. Cuando estaban a punto de echarnos de la habitación, Fatimatou se despertó y pidió que la incorporaran para ver de dónde venía la música. Sus hijas le ayudaron a sentarse en la cama, y ella, abriendo los ojos, con la poca energía que le quedaba movió ligeramente la cabeza al ritmo de la melodía y aplaudió. En aquel momento, las caras de los familiares cambiaron completamente y la atmósfera de la habitación se coloreó de alegría. Gracias, Fatimatou.

Gracias también al personal sanitario, en especial al del hospital de Dafra, por su implicación. Han sido grandes aliados en nuestros juegos, y nos han ayudado a ganar la confianza de los pacientes con más facilidad.

Por último, agradecemos a los padres, madres, tíos, tías, abuelos y abuelas que nos han abierto la puerta de las habitaciones, su apertura y confianza en nosotros.

Asimismo damos las gracias a todos aquéllos que, por miedo o por no entender nuestro trabajo, nos han echado de las habitaciones. No hay nada que alimente más a un payaso que un fracaso. Y de esos, hemos tenido unos cuantos.

Sonia CHUSS 2 Sonia CHUSS 1 Miri en el hospital Lucie Davo Do

 

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