Siiii, los valores del clown son universales!!!

Uffff¡¡¡…ya han pasado dos semanas de trabajo en el CREN. Qué rápido pasa el tiempo cuando lo vives intensamente. Y es que estas dos primeras semanas de trabajo con las Mamayasas han sido…eso, muy intensas.

Es muy bonito observar como los valores del clown son universales. Desde el primer día, la integración de las mamayasas en el centro ha sido perfecta y en solo dos semanas nos hemos dado cuenta, con cierta tristeza y mucha alegría, que ellas llegan a rincones del corazón de otras mamás que nosotros nunca alcanzaremos.

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3 Mujeres y un Destino.

Y no…no es una película, va mucho más allá. Es la historia de la vida real de tres mujeres. De Blandine, Mariam y Viviane, las tres mamayasas que ya la próxima semana comenzarán a trabajar de una manera autónoma en el Cren (centro de recuperación nutricional del hospital Souro Sanou). Esta es, en unas pocas líneas, la historia real de sus vidas. Y es que, con mucha frecuencia, la realidad supera la ficción.

Blandine tiene 20 años y ya tres hijos, el mayor de 6 años. Pertenece a la etnia Dagaré. No sabe leer ni escribir, su padre la dijo que era una pérdida de tiempo y dinero que una niña fuera a la escuela. Por lo que toda su niñez se la pasó trabajando en el campo. Cuando se casó, su marido la trajo a la ciudad, sin amigos, sin familia, sin todo aquello que suponga una mano que pudiera ayudarla. El año pasado tuvo a su hijo ingresado en el Cren. No entendía nada, apenas habla ni entiende francés y el mundo moderno era como el planeta Marte para un terrícola. Pero tiene unos ojos, que cuando te mira, puedes observar un mar de estrellas. Y cuando canta, hasta los pájaros callan. Como no sabe escribir, ha hecho unas marcas en una cartulina amarilla para recordar los mensajes que debe trasladar a las demás mamás. A lo largo de este mes de formación, ha ganado la confianza en sí misma que la negaron de niña. Y ahora sabe, que a través de su mirada y con sus canciones, es capaz de llegar a todos los corazones.

Mariam tiene 26 años y cuatro hijos. Ella sí que sabe leer y escribir…eso sí, como si fuera una niña de 6 años. Ha de concentrarse tanto que para escribir una sola línea que puede estar más de quince minutos para terminarla.. La escribe, la borra, la vuelve a escribir y la vuelve a borrar, hasta que considera que ya está perfecta. Ella vive en un patio rodeada de toda su familia. Cuando llegas a su casa te recibe una multitud de chavales y chavalas. Se la ve feliz, segura como aquel que se siente protegida y rodeada de los suyos. Mariam está preocupada. Es musulmana y si su marido se casa otra vez y trae a otra mujer a casa, teme que ésta la envenene para quedarse sola con su marido y sus hijos. Es una auténtica payasa, cuando no entiende algo, se queda inmóvil durante un rato, luego nos mira a todos y después responde lo que más la parece. Es la dulzura hecha persona. Su debilidad son los bebés, en cuanto ve uno no puede resistirse a mecerlo y jugar con él. Y ellos tampoco se pueden resistir, no tardan más de un minuto en regalarla una sonrisa. Mariam es toda una payasa, y ahora ya lo sabe.

Viviane tiene 40 años y cuatro hijos. Ella es la representación de “Mamá Africa”, dura como una roca, infatigable. La primera que llega y la última que se va. Su presencia y voluntad es un ejemplo para todos nosotros. Es el centro y motor de su familia. Trabaja dos días a la semana limpiando y con lo poco que gana come toda su familia. Habla y escribe con fluidez varios idiomas, francés, dioula, lobbi…Su presencia es tal, que cuando nos mira o habla, todos callamos. Viviane también está preocupada. Tiene un hijo trisómico. Se llama Moribo. Aquí los niños como él, no pueden salir a la calle: los demás niños le tiran piedras. En Burkina Faso, los trisómicos no son aceptados. El otro día Viviane se peleó con su hermana ya que ésta no para de decirla que su hijo es una serpiente. Tampoco hay colegios que atiendan las necesidades especiales de estos niños. Bueno, miento…hay uno, pero es tan caro que Viviane no se lo puede permitir. Viviane sabe hablar, con la autoridad y el cariño que solo una supermamá sabe. Viviane es una gran líder, y ahora ya lo sabe.

Y el que escribe esto, soy yo, David. He estudiado un par de carreras y otros tantos másteres. Hablo y escribo varios idiomas e incluso me consideraba un tipo inteligente. Pero cuando estoy al lado de estas tres mujeres, me doy cuenta que no tengo idea de nada.

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